Los terapeutas sólo escuchan


Querido psicolector:

Si eres psicoterapeuta probablemente te has enfrentado como yo, a comentarios sobre tu actividad profesional como: “ustedes los terapeutas sólo van, se sientan y escuchan”; o qué tal la pregunta incrédula: “¿por qué estás tan cansado?, sólo escuchaste a 5 pacientes, no hiciste otra cosa”.

Tal vez tú psicolector no eres psicoterapeuta, pero has sido paciente, o tienes tu propias creencias de lo que hacen los psicólogos como profesionistas y tal vez has sido tú quien cuestiona a los terapeutas sobre su “única” actividad laboral que es escuchar. ¡Cuántas veces no has dicho u oído decir: “no me gustaba ese terapeuta porque yo sólo hablaba y hablaba y él solamente escuchaba sin decir nada”!

Bueno, pues actualmente me encuentro leyendo “Momo” novela juvenil escrita por Michel Ende; y dentro de sus primeras páginas me encontré este fragmento muy bonito que me hizo recordar “la escucha” que ejercemos como terapeutas y que parece una actividad tan sencilla pero resulta muy compleja.

“Lo que la pequeña Momo sabía hacer como nadie era escuchar. Eso no es nada especial, dirá, quizás, algún lector; cualquiera sabe escuchar.

Pues eso es un error. Muy pocas personas saben escuchar de verdad. Y la manera en que sabía escuchar Momo era única.

Momo sabía escuchar de tal manera que a la gente tonta se le ocurrían, de repente, ideas muy inteligentes. No porque dijera o preguntara algo que llevará a los demás a pensar ideas, no; simplemente estaba allí y escuchaba con toda su atención y toda simpatía. Mientras tanto, miraba al otro con sus grandes ojos negros y el otro en cuestión notaba de inmediato cómo se le ocurrían pensamientos que nunca hubiera creído que estaban en él.

Sabía escuchar de tal manera que la gente perpleja o indecisa sabía muy bien, de repente, qué era lo que quería. O los tímidos se sentían de súbito muy libres y valerosos. O los desgraciados y agobiados se volvían confiados y alegres. Y si alguien creía que su vida estaba totalmente perdida y que era insignificante y que él mismo no era más que uno entre millones, y que no importaba nada y que se podía sustituir con la misma facilidad que una maceta rota, iba y le contaba todo eso a la pequeña Momo, y le resultaba claro, de modo misterioso mientras hablaba, que tal como era sólo había uno entre todos los hombres y que, por eso, era importante a su manera, para el mundo.

¡Así sabía escuchar Momo!

Y quien ahora siga creyendo que el escuchar no tiene nada de especial, que pruebe, a ver si sabe hacerlo tan bien”

(Michael Ende, “Momo”)

 
Cuéntame, ¿ya leíste esta obra?, ¿qué te pareció?; ¿qué opinas sobre la escucha?

Gracias por leer, comentar y compartir.

REOL.


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